SENTIR LA VIDA QUE HAY EN MÍ



     Los dramas que habitamos y que hemos creado desde nuestra propia inconsciencia absorben nuestra auténtica identidad como si de  agujeros negros se tratasen, el peso de nuestros juicios no puede resistirse a una fuerza de  gravedad tan poderosa.  Luchamos en mil batallas por defender espejismos de nuestra identidad,  convertidos en meros siervos de nuestras creencias. Vivimos perdiendo la vida, por eso envejecemos, en el sentido triste de la palabra. La vida se torna lucha cuando estamos desconectados de ella, cuando trabajamos para vivir en vez de trabajar para parir nuestras creaciones, para hacer riqueza de nuestros potenciales donándolos al mundo.


     Cuando aprendemos a sentir la vida que hay en nosotros sentimos como la madre que acoge por vez primera en sus brazos a su hijo recién nacido: nada ni nadie puede destruir su felicidad.  La vida es una fuente de felicidad cuando le abrimos nuestro corazón de forma tan incondicional como la madre a su bebé, que a pesar que nada conoce de él le da todo su amor, y con ello siente el poder de superar cualquier miedo. La vida es la flor en la que hemos depositado nuestra esencia, no tiene sentido encerrarla en la cárcel de nuestros dramas, pudiendo mostrar su belleza al mundo, pudiendo liberar su fragancia al aire libre …
     Querido lector, ¿cuánto tiempo hace que no acoges la vida en tus brazos … que no te sientes su madre …?  ¿Tan ocupado te mantienen tus dramas cotidianos … ? Eres un ser humano, un paridor de vida … cada día nace en ti un niño que te trae la posibilidad de sentir la abundancia de la vida, el poder de la inocencia sobre las experiencias vividas, promesas de futuros maravillosos …  Hoy puedes elegir entre habitar tu vieja vida o dar a luz una nueva, es más sencillo de lo que parece, eso sí, has de recordar quien realmente eres: un creador de vida, con todo el poder y la alegría de sentirte madre.
   



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